Antonio Dieff, bar de Pete La Abeja Rey para variar, en la rockola John Scofield, con "The Old Ship of Zion" y Pete, tras la barra. Pasada la media noche, Pete casi sobrio y Dieff, muy poco a decir verdad, con el codo sobre la barra y el cachete sobre la mano torcida que sostiene un cigarro a medio consumir, despidiendo un insipiente hilillo de humo que lo obliga a cerrar el ojo izquierdo. El whisky se ha acabado y al vaso de nuestros personajes, contiene la fina y fuerte cosecha de un tequila Don Julio. Dieff se ha ablandado y una extraña conciencia de sí mismo, cuenta en tercera persona, con una analítica narrativa distinta a la usual (y Dieff lo sabe, de alguna forma, como sabe automáticamente limpiarse el culo, atar las agujetas y encender cigarrillos), éste capítulo del borracho egoísta, del borracho cuya concepción del entorno se reduce a sí mismo como el ombligo universal y dentro de este pequeño centro, el universo se vuelve pequeño y desordenado. Un caos. Al parecer, se trata de una mujer. Dieff tiene la palabra y Pete, solo escucha desde hace poco menos de una hora. El monologo continúa. Dieff… Dieff… siempre Dieff.
-… pero en este caso, Pete, no sé, no ha habido conversaciones sentimentales, nada de "te quiero", o un "me gustas", ni de mi parte ni de su parte, aunque todo eso es para maricas hasta cierto punto. Claro que tal vez hay cosas que nos decimos de otra forma o son mis propios placebos. No se que coño me está pasando, me estoy volviendo loco con todo esto. Pero mira, a veces siento que ella también… no, espera, sobre todo ella, tiene una concepción de las cosas más neutra, casi podría decir que fría, como pasar un buen rato con un tipo como yo, sabiendo dos cosas y una es de la que te hablo, la que supongo que demuestro, que la estimo, ¿sabes?, que me gusta, já ¿que diablos?. La otra, es que no soy lo suficientemente esencial, es decir, fundamental como para detenerse, claro que, si yo estuviera en sus graciosas botas, no habría visto en mi, más que una pérdida de tiempo. Y no me estoy haciendo la víctima, eso que quede claro, no soy una de esas abuelitas al teléfono contando sus achaques a sus nietos... sé que si ella tiene la oportunidad de irse lejos, lo haría, o mejor dicho, lo hará, lo hará, Pete, lo hará... y está bien, por un lado, me da gusto. –Dieff hace una pausa, empina el vaso sobre su boca y las palabras se descongelan, fluyen de nuevo. -Nunca he sido partidario de la idea de que alguien deshaga cosas por mí, eso me revienta los tanates. Sobre todo porque soy un tipo egocéntrico y pienso sobre todo en mí. así son estos tiempos, solitarios y fríos. O soy yo, más bien egoísta y me proyecto en todo. –Vuelve a hacer una pausa, observa el techo y se da cuenta de que lo que acaba de decir es totalmente cierto, sin alternativa alguna. Pone de nuevo la vista sobre Pete. -Pero te digo, siento cierta frialdad y no me refiero a éste puto invierno. ¿Sabes porque agarré a patadas mi televisor hasta hacerlo mierda?, porque era necesario, tanto como ella, viejo. Solo se que me gusta ésta chica y me gustaría seguirla a donde fuera, dejar de ser un estúpido detective, o dejar de jugar al detective mejor dicho. Pero no quiero ser el freno de mano, la pata que hace falta a la silla, ¿me entiendes? Ella debe marcharse y seguir con su vida y yo aquí, en Ciudad Misterio, con la mía. Voy a extrañarla mucho. Además, ¿sabes algo?, soy pésimo en la cama.
-No te pases, eso último no quiero saberlo.
-Bueno, vete al diablo entonces. Mis cojones y el corazón están hablando, no yo.
-De acuerdo, mira, como tu cantinero y por ende, tu psiquiatra, sólo puedo recetarte otro tequila y decirte esto. Actúa, idiota, pero habla con ella. Las acciones, claro, y las reacciones: blablablá. Tu palabra, Antonio, estipula y sella, vuelve irrevocables las acciones. Pero claro, actúa a la par.
-¿Haz estado leyendo poesía barata en compilaciones de las que venden en las terminales? ¡No me digas!, Pero sí, lo hago, amigo. Aunque eso de hablar... nunca sin alcohol.
-No me hagas pensar que estés enfermo, Antonio, o dejo de venderte alcohol.
-Te mato.
-De acuerdo, solo hablaba hipotéticamente.
-Yo no. Mira, entiendo eso de actuar, soy un detective, ¿lo olvidabas?
-Eres un alcohólico que vive a la orden del día. Realmente ¿hace cuanto que actuaste significativamente en tu propia vida? –Pete comienza a hablar solemnemente. Dieff lo percibe, como un pedo espeso en el ambiente que no se va y holgada y despreocupadamente escucha a Pete, no sin antes encender un cigarrillo que ha atorado en la boca y que no quitará hasta haberlo terminado. –Carajo, Dieff, si sigues sin actuar, formarás parte de tu entorno. Te volverás autómata, o como la ventana, los zapatos que usas de vez en cuando, el coche en el tráfico y los demás coches y la gente que conduce esos coches. ¿Sabes quién es Jodorowski?
-Claro, el tipo que hace películas muy fumadas. –Contesta Dieff. Sin quitar aun el cigarro de su boca, da una extensa calada y exhala.
-Pues él dice que todos somos, siempre “Autor, actor y espectador”. –Hace una pausa para rellenar el vaso de Dieff. -Verás… -Pete da la espalda a Dieff, se dirige al fregadero y lava algunos vasos mientras continúa hablando. -…autor, porque somos los narradores, los que escribimos y describimos con la mirada al poner los ojos en tal o cual punto, al oler, al tocar, escuchar, degustar... actor, porque intervenimos en cada instante que nos rodea y transformamos las situaciones. Pero también somos espectador, porque, en parte, regresando a la autoría, percibimos todo. ¿Me sigues, Toño?... ¿Toño?
Dieff dormía, profundamente, con una sonrisa estúpida en el rostro. Ahora, actuaba en otro plano, donde la materia carecía de sí misma y la ficción era totalmente tangible bajo las reglas oníricas.
Al despertar, Dieff se dará cuenta que aquella conciencia omnipresente de sí mismo, ha desaparecido, al haber dejado en el sabor de la resaca, una duda existencial. La sensación de ser solo un invento, una simple sátira de otra persona. Pero sea como sea, el detective decadente y autodestructivo de Ciudad Misterio, formulará sus propias conjeturas.
Antonio Dieff, volverá.